• Wilkar Oquendo

5 reglas que debes inculcar a los niños para una mejor práctica ambiental


Una acción por la naturaleza por muy pequeña que sea, es valiosa y ayuda a que los niños aprendan su importancia a través de la enseñanza, esto implica reciclar, ahorrar energía y cuidar del medio ambiente.


Por/Wílkar Oquendo

Periodista


La enseñanza en el cuidado del medio ambiente, es sin duda, uno de los valores que los adultos deben inculcar a sus niños. Es un aprendizaje que debemos recibir desde pequeños para proteger el mundo en el que vivimos.


Todos los seres humanos deben formar parte de un ciclo evolutivo, que les permitan ocupar puestos transitorios en la vida, siendo responsables del futuro, ya que fueron nuestros antecesores los que depositaron la esperanza en la continuidad sobre el tema del medio ambiente.


Podemos decir que el amor por la naturaleza es uno de los valores más importantes en la enseñanza de los niños. Existen opciones numerosas que pueden divertirnos realizando actividades en el campo o en otro entorno natural, visitar una granja o hacer un huerto.


La empatía con los animales


Cuando hablamos de empatía, podemos decir que es algo innato en todas las personas, se trata de una cualidad que se va desarrollando y fortaleciendo con el paso del tiempo.


En el caso de que los niños crezcan junto a los animales, podrán desarrollar habilidades emocionales con mayor facilidad y dispondrán de una mayor empatía para reconocer si su animal está tranquilo, alegre o inquieto.


Sabrá además lo importante que es respetar a los demás, el cuidado, acariciar, acompañar… Porque los animales son estupendos amigos en cualquier etapa de sus vidas.


En el momento de lograr un entorno más cercano con los animales, obtendremos la clave para conseguir que los pequeños se vuelvan empáticos y puedan así mostrar sus sentimientos.


Aquí te decimos cómo aplicar estas 5 reglas para un mejor ambiente:


1. Crea conciencia y ayúdalos con mejores acciones


Una de las tareas para concienciar a los niños es hacerles ver que son los protagonistas, pero los resultados serán mejores con el apoyo de su entorno cercano: familiares, amigos y docentes.

En el centro educativo, en el que los niños pasan buena parte de su tiempo, puede adoptar una serie de actividades enmarcadas en los planes globales.


Ejemplo de ello es el Programa de Naciones Unidas, en el que los colegios se vuelven más sostenibles y se inculca una educación ambiental entre sus participantes.


2. Educar con el ejemplo


Los niños comprendan que cuidar el medio ambiente es un deber ellos aprenden por imitación, sobre todo de las personas de su entorno que consideran referentes.


La educación ambiental comienza por nosotros mismos. Si los más pequeños ven a los adultos lanzar un residuo en la calle o en la naturaleza, o bien dejar las luces encendidas o los grifos abiertos sin necesidad, seguirán el mismo ejemplo.


La labor de concienciación debe ser constante, diaria y con paciencia. Repetirles las veces que sea los consejos o las pautas que el niño debería adquirir. En vez de castigar las malas conductas ecológicas, es preferible reforzar y premiar las buenas.


El niño lo interioriza como algo positivo y le quedará grabado para mejorar sus acciones en el futuro.


Los niños tienen que comprender que su vida depende del medio ambiente y que, si no se cuida, no podrán respirar, beber agua, comer, vestirse, etc. Además de cómo, hay que explicarle al niño por qué.


Si se le enseña que al lavarse las manos no hay que malgastar el agua y solo usar la cantidad necesaria de jabón, hay que comentarle que el agua es un recurso escaso del que dependemos.


3. Debes enseñar hábitos ecológicos que sean prácticos

Para lograr esto, no necesitas convertirte en un activista o un profesional ambiental para mostrar preocupación por el medio ambiente.


En la vida cotidiana puedes asumir unos sencillos hábitos ecológicos que, además de contribuir a cuidar el medio ambiente, ahorran dinero:


· Agua y energía. Cerrar el grifo y no abusar de la ducha, o apagar los aparatos o las luces si no se utilizan, son hábitos básicos que a los niños les cuesta interiorizar.

Cuando se funda una bombilla, se puede ir con el niño a comprar una de bajo consumo y explicarle las ventajas ambientales y económicas de ahorro de energía eléctrica.


· Transporte. Siempre que sea posible hay que evitar el coche privado, para ir a pie a todas partes, incluso cuando se trasladan al colegio. Si no se puede, la bicicleta es un sistema de movilidad económico y ecológico (con el que se pueden hacer también rutas con el resto de los niños) o bien se puede viajar en transporte público.


· Alimentación, trata en lo posible de no despilfarrar la comida, causa un importante impacto ambiental. Por ello, es necesario inculcar valores alimenticios no solo saludables, sino también ecológicos, como no tirar la comida, comer productos locales y de temporada o evitar los productos con un empaquetado excesivo.


· Reducir, reutilizar y reciclar, es la regla de las tres erres es un hábito de consumo ecológico básico según el cual lo más importante es reducir el uso de recursos, después reutilizar los productos para alargar su vida útil y, una vez que el producto no se puede emplear más, reciclarlo.



4. Trata en lo posible de relacionar a los niños con la naturaleza


Gran parte de los niños vive en entornos urbanos y no tiene ese contacto directo con la naturaleza, necesario para conocer la importancia de cuidarlo y comprobar las consecuencias de unos malos hábitos.


Siempre que se pueda, hay que ir con ellos a la naturaleza, pasear, hacer excursiones, practicar juegos al aire libre, etc., para disfrutar de ella con respeto (evitar tirar residuos, no hacer fuegos, etc.) e, incluso, con un comportamiento más activo, como plantar un árbol.


Algunos especialistas recomiendan que los niños necesitan un poco de "salvajismo" diario (mancharse las manos con barro o subirse a un árbol) y que cultiven más su tendencia innata a lo "natural" (oír los pájaros, ver las flores, investigar, observar).


Cuando no se pueda ir a la naturaleza, conviene al menos acercarse a un parque urbano, una zona verde, un jardín botánico entre otros espacios.


Otra opción podría ser llevar la naturaleza a casa y hacerse cargo de una planta en una maceta o, incluso, de un pequeño huerto urbano, que puede ponerse en marcha en su colegio.


5. Sugerirles cultura de contenido ambiental


Los recursos educativos se han diversificado y hay que aprovecharlos para que los niños tengan más conocimientos sobre su entorno y sepan cómo y por qué deben cuidarlo.


Los contenidos ambientales se pueden encontrar en formatos diversos, desde los más clásicos libros y cuentos infantiles, hasta los más modernos videojuegos.

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